Mañana ruidosa
Ayer. Mañana lluviosa. Sonó el teléfono. 6.57. Me traen a
Liz temprano y la llevo al colegio con mi hijo en un rato. Salto de la cama.
Hago el desayuno. Mientras pienso en el uniforme. El pantalón del uniforme
húmedo. Todo está húmedo hoy. Una planchada lo va a resolver. Abro una puerta
de vidrio que está cerrada. De afuera se ve la tabla y la plancha. Ruido
ensordecedor. Ruido ensordecedor. Ruido ensordecedor.
Olvidé desconectar la alarma.
Mañana ruidosa
Era una mañana lluviosa (muy lluviosa). Mi teléfono hizo un
sonido a las 6.57. ¿Quién sería a esa hora? La mamá de Liz, que su niñera no
pudo llegar y tiene que entrar a trabajar a las ocho. Me pregunta si puede
traer a su hija a casa para que la lleve al colegio a las 9. Le digo que si y
salto de la cama. Primero hago el desayuno y mientras pienso en el uniforme.
Antes de tomar el café o comer nada, voy a juntar todas las
partes de la ropa del colegio. El pantalón está húmedo. Aunque quizá
simplemente esté frío. Probablemente una planchada lo solucione. Entonces voy a
la habitación en que está la plancha y la tabla. La puerta está cerrada, pero
es de vidrio, así que puedo ver todo lo que hay en la habitación sin abrir la
puerta. Antes de poner la mano en el picaporte dudo y me paralizo, pero después
me olvido de esa duda y de esa parálisis momentánea y ni me pregunto qué pudo
haberlas generado.
Abro la puerta y a los dos segundos suena una sirena
insoportable que no para. Es tan fuerte que casi no puedo pensar en como
detenerla. Bajo corriendo las escaleras, presiono un par de teclas y nada. Me
quedo pensando, mirando botones, casi rezando para que pare ese ruido
ensordecedor.
Finalmente se calla. Uff… olvidé desconectar la alarma.